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el magazine del hombre moderno
Ed. 001 · ENTREVISTA EXCLUSIVA · Masculinidad,  Esquina,  Estilo
EL HOMBRE ARGENTINO Y EL MIEDO A VESTIRSE BIEN

Presencia adulta para hombres que les gusta gustar

· 8 min de lectura
El Pendeviejo
Emilio Abal.
Perfil // Emilio Abal
Cabeza creativa de Giorgio Redaelli

Emilio es el Director de Giorgio Redaelli y una de las voces mas autorizadas del 'buen vestir masculino'. Especialista en marketing y asesoramiento personalizado comparte su perspectiva sobre la elegancia del hombre actual.

HIstoria de Origen // El pendeviejo

Era un jueves de esos que se creen importantes. No tanto como un viernes, pero sin duda mejor que un lunes. La convocatoria apareció en el grupo de amigos y nadie necesitó demasiadas explicaciones: era la descarga semanal, cuatro tipos en una mesa.

En la barra, estaba el club de los solteros profesionales, mientras que en la entrada, un grupo de oficina festejaba algo que no iba a sobrevivir el mes. Y debajo de las luces apareció él: el clásico argentino, el pendeviejo. Cuarenta y largos, actitud de veinte, smartwatch brillante, zapatillas impecables, logo estampado, todo calibrado para convencer.

No estaba “mal vestido”, como se suele decir. Estaba vestido con demasiada intención. Cada prenda parecía cumplir una función táctica, no una función humana que despertó una pequeña pregunta: Quizás el hombre argentino dejó de vestirse para expresarse y empezó a vestirse para justificarse.

El Pendeviejo

Imagen generada con IA. No lloren derechos de autor.


La ropa deja de ser expresión cuando se convierte en defensa.

Entre chistes salió lo que de verdad ocurría: la batalla contra el calendario. Esa batalla que algun la libran en silencio y otros la convierten en espectáculo. Uno de la mesa soltó “yo no quiero vestirme como mi viejo, pero tampoco quedar como este payaso”, el más callado cerró la escena en una sola frase: “algunos todavía no encontraron una forma adulta de estar presentes.”

Al día siguiente, con resaca leve y la pregunta ya ordenada, apareció el nombre: Emilio Abal, de Giorgio Redaelli. Un tipo con esquina. Si había alguien para hablar de presencia adulta, era él.

Para el archivo
DiagnósticoESTÉTICA COMO REFUGIO
AcciónLlamar a Emilio
Acá no hay “tips” para combinar. Esto va por otro lado: de cómo el miedo al juicio te empuja al uniforme, y cómo una prenda bien elegida puede devolverte algo más que facha: presencia.

Vestirse: ¿expresión o defensa?

ESQ

¿HOY LOS HOMBRES SE VISTEN PARA EXPRESARSE O PARA DEFENDERSE?

Es una pregunta y situación compleja, porque hay un montón de factores. Pero para empezar, el hombre argentino tiene mucho miedo a que lo juzguen. Entonces no se anima a tener una personalidad propia ni a vestirse como realmente le gustaría. Muchas veces termina usando una moda para sentirse ‘correcto’: el chupín, el oversize, lo que esté circulando. Piensa que eso lo pone en línea con el momento, cuando en realidad son fórmulas que le sirven a una edad, a un ámbito o a un cuerpo determinados, no a todo el mundo.

ESQ

Emilio, en este punto ¿Estás hablando de identidad?

Si, claro. Por eso ves tipos que se visten con la esperanza de que la moda les resuelva la identidad, pero no funciona así. Hay prendas que a un pibe de veinte le quedan naturales y a un tipo de cuarenta o cincuenta solo le pueden quedar bien si ya tiene un estilo muy propio, si se mueve en un ambiente determinado y si entiende muy bien lo que está haciendo.

Yo crecí viendo otra cosa. Mi viejo iba al microcentro [CABA] con un traje violeta. Pero la mayoría de los hombres no viene de ahí: no les enseñaron a vestirse, a jugar con un color, a salir del blanco y el celeste sin sentir que están cometiendo una imprudencia.

Editorial

“Al hombre argentino le escapa vestirse distinto y bien. Tiene miedo a sobresalir.”

ESQ

¿QUÉ SE PERDIÓ PRIMERO: LA ELEGANCIA O EL RITUAL DE SER ELEGANTE?

El ritual, sin dudas. Planchar una camisa, lustrar los zapatos, tener dos o tres camisas blancas guardadas por las dudas, colgar el saco cuando subís al auto, aprender a anudarte una corbata. Todas esas cosas que antes formaban parte de una educación no escrita se fueron perdiendo. Y cuando se pierde el ritual, después cae la elegancia, porque ya no hay preparación ni transmisión de padres a hijos.

ESQ

¿PENSÁS QUE HUBO UN ESCENARIO CULTURAL QUE NOS LLEVÓ A ESA PÉRDIDA QUE AHORA VEMOS?

Si, sin dudas. Esta situación respecto de la elegancia es parte de un contexto más general. Hay una decadencia cultural en ciertas formas del cuidado masculino que después de la pandemia se aceleró mucho: la comodidad pasó a ser norma y lo excepcional se volvió innecesario. Pero aun así, cuando el hombre se engancha, se siente bien. Lo vemos todo el tiempo en el local. Viene con prejuicios, se prueba algo, se suelta un poco y después quiere animarse más. Porque hay una verdad muy básica que por momentos fingimos no entender: nos gusta gustar.

A veces alcanza con un detalle para que eso se despierte. Un pañuelo, por ejemplo. Nosotros tuvimos un cliente que empezó a usar pochette y un día la suegra, después de más de treinta años de casado, le dijo: ‘Qué bien vestido estás’. El tipo no lo podía creer. A partir de ahí lo incorporó.

El hombre no es indiferente a esto; solo necesita una puerta de entrada.

El miedo argentino a sobresalir

ESQ

SI TE VESTÍS BIEN SOS CARETA. SI TE VESTÍS DISTINTO SOS PERSONAJE, para vos ¿DE DÓNDE VIENE ese prejuicio?

Pasa muchísimo. Hay tipos que no quieren vestirse bien porque no quieren sobresalir entre los compañeros. No quieren que se hable, que se especule, que alguno diga ‘este de dónde salió’ o, peor todavía, que se piense que se está haciendo el distinto, así que en vez de vivir la ropa como un recurso, la viven como una exposición.

También hay mucha envidia. A veces el problema no es la prenda sino el efecto que produce. Vos vas a una oficina y están todos de camisa blanca. ¿Por qué no podrías ir con una rosa, o con una celeste que tenga otra vuelta, y hacerte notar? Debería ser algo bueno, pero no siempre se vive así. A mucha gente le molesta mirar al que sobresale.

ESQ

¿POR QUÉ CUESTA ASUMIR QUE QUEREMOS VERNOS BIEN?

Para mí sigue siendo el miedo al juicio. Avanzamos mucho, sí, pero todavía vivimos en una sociedad que juzga. Entonces al hombre le cuesta asumir que quiere verse bien porque siente que al hacerlo se expone.

Después hay otra cuestión: a muchos les gustaría verse mejor, pero no terminan de acompañar eso con su estilo de vida. No hacen nada por su cuerpo, no revisan cómo se sienten, no aceptan que ciertas prendas no los favorecen. Entonces aparece una frustración que se resuelve mal, y a veces es peor cuando se alimenta de la fantasía de verse como la foto de Instagram o Pinterest.

ESQ

¿QUÉ PUEDE HACER REDAELLI AHÍ DONDE LA MAYORÍA SOLO DESPACHA ROPA?

Primero, proponer algo distinto. Vas a cualquier shopping y te encontrás con lo mismo: camisa blanca, celeste, negra, azul. Se acabó. Nosotros trabajamos con miles de modelos y eso ya te obliga a salir de la zona de confort.

Y sobre todo, asesoramos. Eso para nosotros es central. No queremos que seas el cliente número equis que entró y se llevó una camisa. Nos ocupamos en saber cómo te quedó la última, qué te gustó, qué no, hasta dónde te animás. Acá buscamos una relación.

ESQ

¿Y COMO MEDIS LA SATISFACCIÓN DE LOS CLIENTES?

Generando confianza. Después de 16 años en el mismo local, tenemos clientes del primer día. Gente que te llama y te dice: ‘Elegime tres camisas y una elegante que tengo una fiesta, mas tarde paso a buscarlas’. Eso habla de confianza. Y la confianza es clave, porque el hombre cuando se siente bien recibido se anima más.

Presencia adulta

ESQ

EL ERROR CLÁSICO DEL PENDEVIEJO: ¿EDAD O AUTENTICIDAD?

Autenticidad. Y otra palabra: Inversión. El problema del pendeviejo es pretender saltearse el trabajo interno y resolverlo con señales externas.

Y, en el otro extremo, tenés el tipo que nunca invirtió en sí mismo y cae a un casamiento con el traje prestado: grande, viejo, ancho, de tres botones, sin caída. Ahí la ropa se nota antes que la persona.

ESQ

¿LA IMAGEN PROYECTADA ES PARTE DEL 'VESTIR ADULTO'?

La imagen es parte de todo.

La mayoría sigue viendo la ropa como gasto, no como inversión, está claro que la imagen no te hace todo el trabajo, pero sí abre la puerta. Después tenés que sostenerla con preparación, con inteligencia, con lo que quieras. Pero arrancás por ahí.

Por eso también digo que no hace falta ser millonario, podés armarte bien de a poco, con criterio, con dos o tres prendas buenas y después otras de batalla. Hay que dejar de caer siempre con lo primero que encontraste.

ESQ

SI UN LECTOR EMPIEZA DE CERO: ¿QUÉ DEBERÍA COMPRAR PRIMERO?

Yo arrancaría con camisas. Cuatro o cinco, no una sola. Porque si tenés una blanca y la usás tres veces por semana, en seis meses está muerta. En cambio, si jugás con la rotación, la ropa dura y vos también aprendés a elegir. Puede ser dos blancas, dos celestes y una distinta para los viernes, un lila o algo que no te saque del mapa pero que te haga salir de la repetición.

Después, dos trajes. Para mí el azul es clave, porque te da más variantes. Si tenés un traje azul y uno negro, ya estás armado. Ese saco azul lo podés usar solo con un [pantalón] chino y una camisa, y ahí ya tenés otra solución sin comprarte medio guardarropa.

Y otra cosa importante: hacerlo de a poco. No pretendás armarte el placard ideal en un mes. Lo hacés con tiempo, en cuotas sin problemas, pero con criterio. Una vez que entrás en esa rueda, cambia la relación con la ropa y empieza a ser un placer.

ESQ

¿QUÉ LE DIRÍAS AL ‘PANDEMIAL’: REMERA, PIJAMA Y CERO NECESIDAD DE VESTIRSE?

Que se engaña si cree que no lo va a necesitar. Aunque haga home office, aunque gane bien y aunque haga las compras por delivery, siempre hay un cumpleaños, un bautismo, un casamiento, una reunión, algo. Y ahí aparece el problema de golpe, porque no tenés con qué responder.

Y sumemos un factor fundamental en el buen vestir. La pareja, es la que te dice: ‘No podés ir con la remera de Boca del '98 y ojotas a este cumpleaños’.

Entonces, aunque sea por supervivencia social, necesitás un mínimo de estructura: una camisa, un pantalón, una noción básica de situación.

Instagram, disfraces y mercado

ESQ

¿LA INDUSTRIA AYUDA A CONSTRUIR IDENTIDAD O VENDE DISFRACES?

Hoy hay muchísimo personaje. El bro de finanzas, el ejecutivo de Miami, el vendedor de cursos motivacional. Y encima muchos ni siquiera están bien vestidos, solo repiten códigos prestados. Las redes ayudaron a instalar una idea de éxito visual que después es muy difícil de aterrizar a un hombre real.

Instagram y Pinterest contaminan mucho. Están buenísimos para mostrar, para vender y hasta para sacar alguna idea, pero el usuario llega cargado de falsas expectativas. Viene con una foto de un modelo retocado, sin una arruga, con un cuerpo y una caída irreales, y quiere que le quede igual. Y la vida real no funciona como una foto producida.


ESQ

ENTONCES, ¿CÓMO SE VISTE UN HOMBRE ELEGANTE SEGÚN REDAELLI?

Un hombre elegante es el que se anima a salir del normal. Nosotros intentamos trasladar algo del italiano y amoldarlo al hombre argentino: esa locura controlada, esa alegría de gustar, pero sin perder contexto. El italiano ya se anima; el argentino todavía está pichonado, quiere gustar, pero no se anima a salir del molde.”


Cierre

El pendeviejo no es solo un personaje mas o menos simpático de la noche argentina, es un espejo deformado. Te muestra lo que pasa cuando la ropa deja de acompañar la vida y busca pelearle a la edad o a la imagen de 'winner'.

A veces pensamos que 'presencia adulta' es igual a vestirse como viejo, y claro que no es así, es una actitud. Esto trata de vestirse con verdad: cuerpo + contexto + oficio y criterio.

Y quizá esa sea la definición más simple de elegancia: dejar de convencer para empezar a estar.